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“En cada época y en cada país encontramos numerosas mujeres perfectas que a pesar de las persecuciones, dificultades o discriminaciones han participado en la misión de la Iglesia, basta mencionar a Mónica, madre de Agustín... y María Ward”
(Juan Pablo II) Mulieris dignitatem, 1988
María Ward nació en Inglaterra el 23 de enero de 1585, en el seno de una antigua familia de la nobleza rural de Yorkshire. Hija de Marmaduke Ward y Ursula Wright, padres de un hogar eminentemente católico en el que se practicaba en forma admirable la caridad y se mantenía la fe a pesar de las persecuciones a las que se enfrentaban los católicos de la época. Entre los cinco y los diez años vivió junto a sus abuelos maternos, luego en casa de parientes teniendo una infancia y juventud alejada de su familia. Durante estos años presenció la persecución de los católicos de su patria, registros domiciliarios, y relatos de mártires que daban la vida por su fe con lo cual se formó en ella un carácter despierto con la impronta de la familia, la patria y la fe. Madurando su vocación religiosa, creyendo firmemente en que por la fe ningún sacrificio era excesivo, a los 21 años viajó a Saint Omer para consagrarse al Señor. Aquí le inspiró la llamada a una misión que daría Gloria a Dios, fundar una congregación al estilo y espíritu de San Ignacio de Loyola.
En 1614 María Ward redactó las bases de su Instituto con una visión futurista que contrastaba con las costumbres de su época. Su obra fundadora no cesó pese a los abatares de la época y a los que tuvo que enfrentarse para mantener en pie los Institutos. Tras su muerte, ocurrida el 30 de Enero de 1645, su obra sobrevivió a partir de tres casas que fueron el fruto de futuras fundaciones; el reconocimiento de la Iglesia sólo llegó en 1877, y en 1978 tras el Concilio Vaticano II el Instituto Obtuvo las Constituciones. Mujer valiente y audaz, con una entrega total a la voluntad de Dios, María Ward fue la pionera de la apertura del laicado femenino en circunstancias impensables para su época, y que hoy la Iglesia necesita como revulsivo para poder encarar las exigencias de la nueva evangelización. Su figura emerge en nuestra época exhortándonos a hacer nuestro mundo más libre y más justo para todos, especialmente para los que más lo necesitan.
La Sociedad Yorkshire es una prestigiosa organización que busca premiar los logros de personas distinguidas nacidas en Yorkshire mediante placas colocadas en lugares relacionadas con estas personas. Hasta el momento las 15 placas que se han colocado han sido en su totalidad en honor a hombres. El 31 de marzo la sociedad honró por primera vez a una mujer, María Ward. El presidente de la Sociedad Yorkshire, Keith Madeley, dijo a los miembros del Bar Convent, el convento histórico más antiguo del Reino Unido, que estaba contento con la nominación de esta mujer. "Ella es la primera mujer de Yorkshire, lo cual debe ser muy especial para ustedes, y lo es ciertamente para nosotros. Se dice que ella poseía todas las cualidades de una mujer de Yorkshire, coraje, tenacidad, profundidad, simpatía y un fuerte y recto sentido común. Las distancias que solía recorrer entre las casas de las familias, frecuentemente durante los fuertes inviernos de Yorkshire, la prepararon para todos sus largos recorridos que hizo en Europa, por aire y por tierra, e incluyendo varios viajes de travesía a pie por Los Alpes".
La placa otorgada por esta sociedad fue descubierta por la Hna. Provincial Jane Livesey, quien dijo: "María Ward, pionera de la educación femenina, tuvo una particular y única visión de futuro. Quiero agradecer a la Sociedad de Yorkshire por conferir este símbolo de honor para todas nosotras".
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